Han pasado ya 39 años desde que Don Siegel dirigiera la famosísima “Dirty Harry” (Harry el Sucio).
Al pie del cañón y dando vida al tipo más duro de San Francisco estaba Clint Eastwood, con sus casi dos metros de estatura y empuñando una mágnun del 44 sin miramiento alguno.

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Tachado mil veces de fascista, el film de Siegel supuso un doble revuelo en el momento de su estreno.
Por un lado y a modo de puro ejercicio de marketing , se hizo coincidir con el caso real de uno de los mayores serial Killer de los Estados Unidos, el conocido como Zodiak, que David Fincher también llevaría a la pantalla en 2007.

Clint Eastwood y Don Seagel durante el rodaje de "Dirty Harry"
Por otro, la controversia al mostrar, en la ciudad más liberal de California, una inusitada violencia más cercana al ojo por ojo que a las leyes y derechos civiles que debían proteger de igual manera tanto a víctimas como a criminales.
Con un país azotado por el caso Watergate y por la interminable guerra de Vietnam, “Dirty Harry” consiguió no dejar indiferente a nadie.
Vista ahora, si bien toda la película parece una valiosísima y cotizada pieza de museo, no destila el menor atisbo de envejecimiento.
Sin aromas alcanforados, sigue tan fresca como el primer día, y dispuesta a seguir aumentando su larga lista de admiradores.
Con Harry Callahan, se creó un icono mil veces imitado y con discípulos tan avezados como Charles Bronson, Bruce Willis, Harrison Ford e incluso el Robert de Niro de “Taxi Driver” y su manera de desenfundar frente al espejo.

Se creaba el mito
Es incuestionable que “Dirty Harry” marcó definitivamente un antes y después en las películas de acción.
Definiendo un nuevo modelo del género, y aportando un halo más moderno y explícito, por otro lado ya experimentado dos años antes por Sam Peckinpah en “The Wild Bunch” (Grupo Salvaje) y su modo impúdico de mostrar al espectador una violencia más seca y sin medias tintas.

Eastwood, hombre curtido en mil batallas
Algo estaba cambiando en la sociedad norteamericana, y el público más clásico se mostraba receptivo a las propuestas que llegaban de un Hollywood que comenzaba a renovarse, inundando las carteleras con una nueva mirada.
“Dirty Harry”, no es una película de tiros, o un monumento a Clint Eastwood, o un canto al fascismo, es una gran película de género que forma parte de la historia de todos y cada uno de los amantes del cine.
Harry, felices 39 y que cumplas muchos más.










