“Away we go” (Un lugar donde quedarse) Sam Mendes 2009, es la quinta y última película de este director británico, también guionista, director teatral y a la postre esposo fiel de Kate Winslet.

Mendes ha dirigido esta historia, basada en un guión original, escrito por Dave Eggers y Vendela Vida, con menos ganas y gracia que un funcionario en el día antes de su jubilación.

Sam Mendes, ¿por qué nos haces esto?

Sam Mendes, ¿por qué nos haces esto?

Cuando se encienden las luces de la sala, uno se pregunta si la historia que acaba de ver es de verdad del mismo director de “Road to perdition” (Camino a la perdición) 2002, o de aquel magnifico debut de 1999 llamado “American Beauty”, pero ni rastro de estas dos obras.

Reconozco que no me seducía nada ver esta película, y que sólo fui a verla por estar dirigida por Mendes, pero ya me entró el miedito al recordar lo frío que me había dejado su anterior trabajo “Revolutionary Road” 2008. Miedito del bueno que se confirmaría en los primeros cinco minutos de metraje.


Esta peli parece obra de un primo tercero de Mendes (probablemente panadero en Wisconsin), que se dejó caer por el plató un buen día, decidiendo tomar las riendas de este desaguisado existencial, protagonizado por treintañeros de gafapasta con visa oro en el bolsillo y barnizándolo todo de falsa película independiente.

Krasinsky y Rudolph, bien dirigidos, parriba y pabajo todo el rato

Krasinsky y Rudolph, bien dirigidos, "parriba" y "pabajo" todo el rato

Aunque a veces me la cuelan, conforme uno va cumpliendo años y películas, cada vez es más difícil que te den gato por liebre. Y conforme uno va adquiriendo esta experiencia, fruto sólo de la práctica, se entienden antes y mejor las abstractas complejidades de Lynch o Greenaway, que estos pastelones diseñados para hacer las delicias de un público mayoritariamente femenino.

Mendes y Winslet queriéndose un poquito

Mendes y Winslet queriéndose un poquito

“Away we go” cruza el umbral de la aparente sugerencia en la búsqueda de uno mismo, para adentrarse peligrosamente y de lleno, en un campo abierto y minado de estereotipos, situaciones de diseño ñoño, secuencias manidas y torpes con desenlaces chorras, para colmo, coronados por un final tan previsible y vergonzosamente “serio, trascendente y poético”, que uno no puede hacer otra cosa que esconderse debajo de la butaca y encomendarse a San John Ford.

Intenté controlar un agudo ataque de vergüenza ajena, deseando que se terminara de una vez por todas este tostón que se hace incluso largo a pesar de sus 98 minutos de lánguido e insufrible metraje, pero no lo conseguí y seguí sufriendo mi particular calvario.

Es triste pero cierto, que te la quieran dar con queso y más si se trata de un tipo como Mendes que de tonto no tiene un pelo.

Sólo él sabrá el por qué de llevar a la pantalla este guión de esta manera tan desganada y carente de chicha y limoná.

Road to Perdition en un momento cumbre

"Road to Perdition" en un momento cumbre

Un voto a su favor y una de las mejores virtudes de Mendes y por consiguiente de la película, es su conocimiento en la dirección de actores y eso se nota y es de agradecer.

American Beauty, espléndido debut de Mendes

"American Beauty", espléndido debut de Mendes

Desde los actores protagonistas John Krasinsky y Maya Rudolph, hasta una siempre espléndida Maggie Gyllenhaal o un envejecido Jeff Daniels, están estupendos dentro de este pastiche generacional.

Desde aquí lanzo mis plegarias al bueno de Sam, y a pesar del chaparrón, le digo que sigo confiando en él, pero esta vez, mejor se podía haber quedado en casa regando los bonsáis, o zurciéndole la faja de su adorada esposa.

Deseándole una pronta recuperación de su batuta y  esperando una buena historia para poder salir, lo antes posible, de debajo de la butaca.


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