Viendo “Mamut” no sé por dónde agarrar la historia. Se me escapa, la recupero unos minutos y se me vuelve a escapar.
Concentración, vamos a ver qué ocurre con este guión dirigido por Lukas Moodysson, y rodado en el Soho Neoyorkino, Tailandia y Filipinas.
Viendo “Mamut”, tampoco puedo dejar de pensar en “Babel” de Alejandro Fernández Iñárritu .
Hay similitudes y muchas, pero Moodysson argumenta que no ha visto la película de Iñárritu y que si hay coincidencias serán fruto de la casualidad.
La película acaba y me voy caminando, por la calle de Alcalá, con la falda almidoná y los nardos apoyaos en la cadera, y buscando en esta historia de historias cruzadas ese algo especial o diferente y llego a dos conclusiones.
La primera es que me ha encantado el uso de la música uniendo y desuniendo situaciones opuestas, cercanas, lejanas, extremas e incluso algo ñoñas, con éxito.
La segunda es que no sé si Moodysson le ha dado más vueltas de las debidas a una historia que habla de la relación entre padres e hijos, de soledades y de lo rápido o despacio que gira el mundo dependiendo de dónde te haya tocado nacer.
Hay un halo de intensidad que sobrevuela durante todo este “Mamut” y que me aleja cada vez más de los personajes, de sus conflictos y de sus previsibles resoluciones.
Desconecto con los agobios de la cirujano Ellen, desconecto con la perfecta nany Gloria, desconecto con el ligue Tailandés de Leo, desconecto con un final que huele a: hay que cerrar el guión como sea.
Por otro lado, destaco las buenas interpretaciones de unos pedazo de actores, destaco la estupenda fotografía, la buena música y utilización de la misma, las buenas intenciones de Moodysson y los grandes aciertos, pero no le veo nada que me remueva y sacuda por dentro.
Me quedo a medio gas, a un centimillo para el euro y a una patata para el kilo de esta historia que creo, ganaría bastante si su metraje fuera inferior a sus más de dos horas de duración.
Mencionaba antes al reparto, y es justo valorar la buena dirección de actores reflejada sobre todo en Michelle Williams y Gael García Bernal, este último defendiendo a su personaje, a veces, en situaciones que son muy difíciles de sostener y hacer creíbles.
Que me perdonen los fans de Lukas Moodysson, que son multitud, pero este “Mamut” me ha dejado el cuerpo que ni pa ti ni pa mi, y me atrevo a decir que no es para tanto.
Lo mejor, como siempre, es ir a verla y comprobar vosotros mismos si aburre o fascina un guión que, a priori, se presentaba como muy atractivo y se diluye por los cerritos de Úbeda (Jaén).












