¿Quién no ha vivido alguna vez esta situación? Un espectador acaba de ver una película basada en un best seller, al encenderse las luces de la sala, exclama indignado: ¡el libro es mucho mejor!
Dicen que no hay que mezclar churras con merinas, y puede que tengan razón. Aunque dudo si reconocería una churra o una merida en un primer golpe de vista.
Los libros son sólo libros, las películas son sólo películas, y mientras tanto la vida pasa por ahí.

Mr Mortensen, un tipo duro
“The Road” es el film que John Hilcoat ha dirigido, basándose en la conocidísima novela de Cormac McCarthy de mismo título.
Que se parezca más o menos a la novela me da igual. No entiendo las pugnas por comparar literatura y cine.
Las dos disciplinas, siendo cultura, entretenimiento, y a veces arte, siempre han hablado idiomas diferentes.
Aunque puedan llegar a tocarse, cada una va por su lado.
Sucede lo mismo a la hora de comer, aunque ambos son alimentos no solemos mezclar lentejas con conguitos.
Bueno, conozco a un señor de Guarromán que sí los mezcla, pero eso es otro cantar.
Con el teatro, tres cuartas de lo mismo.
Comparar el lenguaje del escenario con el de la cámara es perder el tiempo, y filmar teatro es ya una soberana memez, a no ser que te llames José Luis Moreno y tu proyecto se llame “Matrimoniadas”.

Por todos conocidas, aquí un rico plato de lentejas

Javier Aguirresarobe, maestro de la luz en "The Road"
Pero eso es sólo mi opinión, y como decía Clint Eastwood en una película donde interpretaba al tipo más duro del barrio: las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo.
Puede parecer una postura radical, pero es que se pierde mucho tiempo defendiendo este tipo de conjeturas.
Que si es más o menos fiel a la novela, que si se parece sólo al comienzo, que si esto o aquello lo han cambiado, o que si falta esto otro. Dios santo que pereza.
Prefiero las películas valientes que se alejan de la raíz de la novela en las que han basado su guión.
Tomando forma y adquiriendo vida propia, sin depender del lenguaje y germen literario que, aunque sean brillantes, no deben lastrar a la gramática cinematográfica.

Mortensen y Kodi Smit-McPhee
Parece muy sencillo, pero muchos espectadores se olvidan de que una película no es una novela.
Con todo este pastiche, quiero decir que si filmamos cada página de un libro no estaremos siendo más fieles a la historia o a su autor, estaremos haciendo el canelo.
Por cierto, no creo que sea esto lo que haya pasado con la película de Hilcoat.
Su director a plasmado el universo descrito en la novela sí, pero ha creado a su vez un universo personal apoyado por la estupenda fotografía de Javier Aguirresarobe y el acertado casting capitaneado por Viggo Mortensen.

Cormac McCarthy, un señor muy serio que escribe muy bien, vamos con sus tildes, sus diptongos...
“The Road” es un film seco, sin concesiones a las tonterías. Va al grano, entretiene, emociona y te hace pensar mientras caminas de la mano por un mundo gris y desolado. Olvidado de la mano de Dios o del hombre.

Hilcoat (el del café para llevar en la mano) dirigiendo a sus actores
No conozco la filmografía de John Hilcoat, pero reconozco que con “The Road”, ha tenido lo que hay que tener para meterle mano a un proyecto tan atractivo como arriesgado.

Esto no es una película, esto es un libro
Eso sí, salgo del cine quejándome del uso de la música.
A mi juicio demasiado presente mientras desgrana situaciones que hubieran tenido la misma o mayor fuerza si se hubieran restado esos subrayados efectistas tachán, tachán.
Y me quejo de la evidente presencia de los productores aportando al plano final una señal inequivocamente esperanzadora, edulcorada y peligrosamente ñoña.
Por lo demás, recordar que sucede lo mismo a la hora de comer, aunque ambos son alimentos no solemos mezclar lentejas con conguitos.
Lo del señor de Guarromán era sólo una licencia personal, una gracieta, un chascarrillo o quizá un gracejo altanero.









