Hace tiempo me comentaba un amigo lo mucho que le gustaban las películas clásicas, pero para mi sorpresa se refería sólo a conocidos títulos rodados en la década de los noventa.
Si para tí esos son los clásicos, le dije, ¿qué piensas de las películas rodadas en los años 20, 30, 40 ó 50? Eso es sólo cine antiguo, contestó él.
No tengo nada en contra del cine de los 90, pero es bueno recordar que la historia del cine no empieza con “Jurassic Park” Steven Spielberg 1993 o “Pulp Fiction” Quentin Tarantino 1994.

Antes de Tarantino ya existía el cine
Esta anécdota no hizo otra cosa que reafirmar, una vez más, las ganas por seguir descubriendo magníficas historias rodadas hace 50 u 80 años.
Si eso es cine antiguo, respondo que no, y me niego a aceptar esa losa que anula de un plumazo más de cien años de historia.
Pese a quien le pese, el cine clásico es el abc, el inicio y los cimientos de todo lo que se ha ido construyendo después. Desde el cine más mediocre hasta el más sublime, desde el estreno más comercial hasta la película más independiente. Todo sale del mismo lugar.

Michael Curtiz sabía lo que se traía entre manos
Propongo prestar un poco más de atención a esas películas en blanco y negro que pasan desapercibidas, durante un zapping insomne, entre tanta “tele tienda” y/o “llama y gana”,
Corremos el peligro de dejar pasar de largo alguna que otra obra maestra sin darnos cuenta.
Quizá, mientras un señor de Logroño adivina que la letra que faltaba en el panel era la Ñ, un tal Lubitsch o Wilder o Ford o Hitchcock o Hawks, muestran su artillería desde la fortaleza de sus filmografías dejando patente que son más modernos, inteligentes y transgresores que todas las temporadas juntas de “Sin tetas no hay paraíso”.

Aquí vemos una mesa llena de cosas, y el señor de la gorra es Billy Wilder
Aunque resulta obvio, para quien no lo sepa, el cine es también quien ha inspirado y sigue inspirando a otros lenguajes audiovisuales como la televisión, la publicidad e incluso el video clip.
Estamos en deuda con el séptimo arte y le debemos un respeto.
¿Cómo se puede renegar con tanta facilidad de “Casablanca”, “La jungla de asfalto”, “Nosferatu”, “El Apartamento”, “Senderos de Gloria” o “La Diligencia” por citar tan sólo seis obras maestras imprescindibles de ese menospreciado cine antiguo?
Por ello y porque básicamente me da la gana, aprovecho esta sección para hablar de una de esas películas antiguas, para mi clásicas, que hacen que el día a día sea algo más liviano.
Me arremango, nos metemos en faena y le sacudo el polvo a una delicatessen más que recomendable, “Casque d’or” (París bajos fondos) Jacques Becker 1952.
"Casque d'or", una joya que todo el mundo debería ver arrodillado antes de desayunar
Un drama, con todas sus letras, dirigido con mano maestra, por el padre del también director Jean Becker.

Simone Signoret, protagonista de "Casque d'or"
No hay lugar a dudas, estamos ante una película redonda de apariencia sencilla e impregnada por un halo romántico que se quiebra en dos, dando paso a la tragedia más desgarradora y descarnada.
Todo esto lo muestra y resuelve su director sin que se le deshaga la raya del pelo y sin perder la compostura.
Sabiéndose hacedor de la mejor combinación entre la sugerencia más sutil y la violencia mostrada sin pudor y a bocajarro.
Recordemos que Jacques Becker, que empezó como ayudante de Jean Renoir, es también el responsable de otras películas de no menor importancia, como la estupenda “Le Trot” (La evasión) 1960, “Les amants de Montparnasse (Montparnasse 19)” 1958 o “Les aventures d’Arsene Lupin” 1957 entre otras.
En “Casque d’or” podemos disfrutar de un equilibrio perfecto entre el cine más poético y romántico, junto con la violencia casi predecesora de Fuller, Scorsese o de Palma. Y todo ello bajo la mirada de un director amante del naturalismo y del preciosismo estético.

Otro clásico: John Wayne en "The Stagecoach" (La diligencia)
También es una buena oportunidad para redescubrir la belleza de su protagonista, la actriz Simone Signoret.
Ganadora de un oscar en 1960 por su interpretación en “Room at the top” (Un lugar en la cumbre) Jack Clayton 1959, Signoret en el film de Becker encarna a Marie, una joven prostituta que pone en jaque a tres hombres y… hasta ahí puedo leer.
Por cierto, Signoret también ganó el Bafta a la mejor actriz por su interpretación en esta película, un clásico que debería ser de visionado obligatorio en todas las escuelas de cine de la galaxia, pero como eso es sólo cine antiguo…

"Nosferatu", un vampiro que ya existía antes de "Crepúsculo" y "Luna Nueva"

cassavetes 0:03 el 11 Diciembre 2009
¡Me gusta que cada vez te pongas más irónico con la mierda que se hace ahora pero de una forma elegante!
me gusta el cine 13:13 el 25 Diciembre 2009
Totalmente de acuerdo. Ellos se lo pierden.