JuanEscorial 15:38 el 31 enero 2010 | Sin comentarios

Esta semana vamos a conocer a un fotógrafo documentalista, un referente de lo cotidiano y lo vulgar de nuestra “aldea globalizada”

En 1952 nació en Surrey, un condado al sudeste de Inglaterra, un niño al que sus padres, la familia Parr llamaron Martin.

Su abuelo George Parr era un aventajado aficionado a la fotografía que de vez en cuando dejaba cacharrear a su nieto Martin. Su infancia y adolescencia transcurre a la par que la bonanza económica e industrial. A barriga llena los carrillos de los ingleses currantes se volvían más colorados si cabe.

Con dos décadas de vida el señor Parr estudia fotografía en Manchester, y parece ser un mozo con las cosas claras ya que su proyecto de graduación termina siendo una controvertida maqueta de una prototipica sala de estar inglesa con su rocambolesco papel de flores en las paredes, un hilo musical hortera y un difusor de perfume de baratillo.

Una patada directa a los menudillos, pero con cariño y humor, al ambiente del que proviene. Tema también recurrente y evolutivo en su trabajo.

En los años 80 la clase media inglesa busca disfrutar del sol y el mar, del escaso buen clima que tienen en la zona de Brighton, una zona olvidada a su suerte industrial tras tres años bajo la mano de Margaret Thatcher, la llamada dama de hierro, la peste para la clase media, la que mantiene el país.

“The Last Resort”, un proyecto-libro publicado en 1986, tachado de cruel, utilitarista y elitista por unos cuantos y agradecidos, felices y orgullosos otros tantos al sentirse llamados por la atención de la cámara de Parr. Lo cierto es que aquel trabajo despuntaba por su color, cercano a la psicodelia pero fiel a la realidad del ocio británico. Las tazas de té y pastas, las batidas de caza, los paseos por la campiña a la luz del atardecer no son tema de este trabajo ni tampoco constantes en la vida de las personas de sus fotos.

Se sabe cómplice y victima de esta realidad y acude a fotografiar a sus paisanos con una cámara de formato medio y su flash anular en una bolsa de plástico. Su trabajo le convierte en uno de los fotógrafos más famosos de Gran Bretaña y poco a poco va ampliando las miras a la vez que el mundo empieza a ser un lugar globalizado.

Su labor como fotógrafo documentalista le lleva a proyectos donde el turismo de masas es su referente de trabajo. Las playas de América del Sur, una serie de parejas aburridas, el lujo en la vida de los pudientes, el imperio del Tupperware forman parte de sus obras.

Más inglés que los ingleses, incongruencia y ridículo, elementos que no parecen faltar en el sentido del humor británico y que aparece también en el consumo y la igualdad de la humanidad contemporánea retratada en sus fotos

En 1994 entra a formar parte de la Agencia Magnum, la más celebre e importante de las Agencias Fotográficas del mundo. Actualmente es uno de los creadores más prolíficos compaginando su carrera documental con trabajos comerciales, alguna incursión en el mundo del vídeo y esporádicas actividades docentes.

¿No os parecen sus fotos algo descuidadas? Casi como si cualquiera de nosotros pudiéramos hacerlas con nuestra cámara de fotos que sacamos de vacaciones.Un trabajo en el que además uno se puede sentir identificado y convertirse en victima de lo que puede ser la vulgaridad de nuestras vidas.

Martin Parr

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