JuanEscorial 8:51 el 23 febrero 2010 | 2 comentarios

Robert Mapplethorpe, el del medio de seis hermanos. Nacido en 1946 en un ambiente que él mismo explica mejor: “Yo vengo de la América suburbana. Se trata de un entorno muy seguro y es un buen lugar para haber venido de él, en el sentido de que era un buen lugar para salir de casa”

De jovencito tras esa bondad residencial le dio a los collages, cineasta de una manera más que independiente y artista. Renegado de la fotografía, llega a reconocer que la excitación del medio se la produce el tocar las fotos, tenerlas en las manos.

En su ambiente una chispa latente, Patti Smith se convierte en una de sus mejores amigas y víctima de sus primeras polaroids, las cuales no eran la obra final, ya que Robert Mapplethorpe dedicaba por lo menos la misma energía en elaborar sus marcos y soportes.

La década de los 70, dos cosas importantes cambian la vida de Robert. Se traslada a vivir a Nueva York y se compra su primera Hasselblad, una cámara de formato medio delicia fotográfica.

Por esos años el circuito de la creatividad de la gran manzana explora otros medios, para ellos la pintura había muerto, convirtiendo al minimalismo en algo genial, único e irrepetible.

Mapplethorpe se entrega a presentar, promover y dignificar el sexo y el cuero. Absorción y encuentro de si mismo se entrega finalmente a la foto como medio de expresión. Lo sexual, peligroso, oscuro, sexy son sus puras obsesiones, sus anclajes de atracción.

Busca fotografiar como nunca se había visto antes. El cuerpo, las flores. Visiones en las que nadie había reparado antes y él lo sabia. Sin embargo ¿como podía ser bello lo censurado? Lo que estaba mal visto y oculto, invisible a la sociedad desarrollada.

Existía la pornografía, la de consumo, la que para él no pasa de ser más que el hecho documental de la sexualidad. Esa sexualidad tan real tan presente, tan difícil de rehuir estaba muy lejos de lo mágico que las grandes fotografías de los Maestros tenían en su interior.

Con una máxima demoledora: “si no eres el primero en hacerlo, ni lo intentes” se mete en el berenjenal de desmenuzar los cuerpos, exhibiéndolos sin pudor. Lo guarro ahora es bonito y los cuerpos tersos y tonificados sumamente eróticos nos enseñan sin miedo, sin dejar a la imaginación los órganos sexuales, ni el propio acto sexual en sí mismo.

Intentar hablar de su trabajo se me antoja muy complicado, de entonces ahora vivimos en una lucha dramática entre la belleza de la provocación y la belleza de consumo. Pero él esculpió sus fotografías, mezclando un tono clásico con la más pura realidad.

A su primera galerista, cuando decidió irse a otras galerías más importantes le regaló un autorretrato de sí mismo disfrazado de diablo, con su largo rabo de Lucifer naciendo de su propio ano.

Habrá gente que aún se tape la cara al verlas. Espero que esta escueta selección de sus obras os emocionen, provoquen, indignen, apasionen, cieguen, perturben o despierten.

Y encima va y reconoce “no nos engañemos, no es sólo la luz”

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mike   23/02/2010 15:58
The Governator!!
Marta   09/03/2010 19:21
¡Me Encanta!
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