Jueves por la mañana. No suena el despertador, es pleno agosto y conduzco a toda prisa hacia el trabajo enmedio de una lluvia torrencial. Intuyo que voy a calarme hasta los huesos nada más bajar del coche… Y me acuerdo de una de sus canciones, que dice “el mundo es una mierda pero hay que mirarlo con paciencia” muy apropiado para semejante comienzo de día, ¿qué hacer para animarme? Busco su último disco en la guantera, Cuando el destino nos alcance y canto a pleno pulmón, que siempre me pone de buen humor.
Me encanta su anterior trabajo, Cronolánea. Tanto que acabé por rayar el disco de tanto girar en el reproductor. Y algo parecido me ocurrió con sus otros discos Viaje de estudios y Hostal Pimodán. ¿Qué tendrán estos granadinos que me gusta tanto? Es curioso porque de primeras no me decían nada, pero igual que me pasa con su tierra, me han acabado conquistando.

De la mano de Universal han parido este discazo que tantas ganas teníamos de escuchar. Y es que gracias a Facebook hemos podido seguir de cerca su evolución desde el minuto cero: la grabación en States, la promoción del single, la gira… Una vez lo tuve en mis manos me di cuenta que los Lori han dado un paso más, con cada disco van adquiriendo un sonido más maduro. Me gusta que cambien, la linealidad me cansa.
Y por último, lo que siempre me ha parecido fundamental en un buen grupo, es que sepan defender su trabajo sobre el escenario. Fui a su concierto, contenta porque con una trayectoria como la suya no me cabía duda que iban a dejarme más que satisfecha. Y así fue, tocaron bastantes temas de los discos anteriores (el primero es mi debilidad), estuvieron comunicativos y entregados. ¡Un gustazo!










