
Generalmente todo lo que muestra una cámara es mentira. Incluso, aunque lo que suceda ante la cámara esté sucediendo de verdad y no sea ficcionado.
El cine documental ha ganado la partida a esta teoría, que ni es nueva ni es mía, pero que suscribo desde que tengo pelos en las piernas.
Cualquier documental se verá delimitado a pasar por el aro de la visión de un director, de un operador de cámara, productor, montador y dios sabe quien más.
Ni una entrevista, ni la descripción de un paisaje, ni una denuncia social serán reales desde el momento que son manipuladas por todos y cada unos de los estadios de mentira de los que se compone el cine. Siempre.
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